Hernán Casciari, uno de los padres de la criatura cultural de nombre Revista Orsai, daba la buena nueva hace unos días: la publicación “alcanzó los 5.000 suscriptores, el número mágico que la hace rentable. Sin publicidad ni intermediarios“.

Poco más de un año ha necesitado el proyecto para consolidarse en plena crisis del papel y de todo en general. Suena extraño, nos hemos acostumbrado a levantarnos día sí y día también con la noticia de que determinado magazine cierra, tal periódico de gran tirada hace ERE o cual productora quiebra. La cosa se vuelve aún más extraña cuando se recalca la frase “sin publicidad ni intermediarios” y volvemos a recordar el resto de pilares sobre los que se sustenta la Editorial Orsai SL que lleva adelante la revista de nombre homónimo:

  • Publicaremos únicamente autores que admiremos muchísimo Chiri y yo, y jamás a los que únicamente son mediáticos.
  • La firma del contrato con el autor prescindirá de escribanos, abogados, buitres carroñeros y representantes de cualquier calaña (el supervisor será Comequechu, el pizzero de al lado).
  • La obra tendrá precios razonables en todos los países de habla hispana, sobre todo en aquellos llamados ‘emergentes’.
  • El autor percibirá no el nueve ni el diez, sino el cincuenta por ciento del precio de venta al público.
  • El otro cincuenta por ciento se utilizará para pagar imprenta, logística de envíos y sueldos de diseño, edición y corrección.
  • Los contratos no serán esclavos; después de doce meses, el autor podrá irse a donde quiera sin dar explicaciones ni sentirse atado.
  • Brindaremos al autor herramientas tecnológicas para que pueda revisar las ventas de su obra de manera directa, y cobrar sus royalties semana a semana.
  • Los derechos de la obra pertenecen al autor hasta la eternidad; y si el autor se muere de golpe, o se suicida, o desaparece en un pozo, los derechos pasan a su familia.
  • Cualquier malentendido se resolverá en sobremesa entre el autor y nosotros, y si eso falla, la culpa será siempre nuestra.
  • Si el sistema funciona, la industria editorial deberá explicar por qué sigue pensando que los autores somos imbéciles y los lectores somos piratas.

¿Cómo lo han logrado?“, seguramente seguirán preguntándose a estas alturas del partido los trajeados de la industrial editorial y sus primos de la del cine y la música. ¿Cómo la Revista Orsai, en medio de un auténtico huracán, ha conseguido convertirse en una revista literaria rentable, y además tan rápido? La respuesta poco tiene que ver con que Casciari fuera un escritor muy conocido en Internet antes de meterse a empresario editorial, sus contactos o chorradas similares esgrimidas por “los trajeados“.

Nada de eso. La respuesta en gran parte está en los pilares citados más arriba, de los que tras analizarlos con mente abierta, junto al torrente de textos disponibles en editorialorsaia.com, salen lecciones para las comentadas industrias como estas 5:

  • Liberar contenidos, vender excelencia: Revista Orsai distribuye todos sus números de dos formas; en papel con una calidad excepcional a todos los niveles pagando y en PDFs gratuitos. Lo último les permite llegar a muchas más personas, que tras ver el nivel editorial de la revista y la presentación, corren como galgos a hacerse con las versiones físicas. Es decir, que la gente no es idiota y la mayoría no tiene problema en pagar, si el precio es razonable y consideran que el producto-servicio lo merece.
  • La excelencia se logra con personas excepcionales: la mentada excelencia solamente se puede lograr rodeándose de personas excepcionales. Deben ser una de las máximas prioridades en todos los aspectos. Hay que cuidar al periodista, novelista, músico, escritor, ilustrador… el protagonista principal que toque en cada caso.
  • Eliminar intermediarios: cuantos más intermediarios peor. Son chupópteros que encarecen, empeoran y dificultan todo, desde lograr la excelencia hasta crear comunidad.
  • Crear comunidad, de verdad: otra de las máximas prioridades debe ser la de crear comunidad, sin ella no hay nada. Y comunidad es comunidad, las personas ya no se limitan a comprar-veer-leer-escuchar y callar; quieren que interactúen con ellos y entre ellos, saber, y participar activamente.
  • Adopción e innovación tecnológica: aunque parezca mentira, aún hay muchos grandes pesos dentro de estos sectores que miran con reticencia a la tecnología y otros que directamente la tachan de diabólica. Una estupidez producto del miedo y la ignorancia. La realidad es que las diferentes vertientes de la tecnología bien usadas son una poderosa arma para cualquier nuevo proyecto cultural; existen cientos de ejemplos además de la Revista Orsai de proyectos en los que la tecnología ha jugado un papel fundamental desde su nacimiento hasta su consolidación. Pero no vale con adoptar la tecnología al tuntún, hay que hacerlo bien, entendiéndola, y también innovar (vaya por delante que ni una cosa ni la otra es, por ejemplo, colgar el catálogo de películas para alquilar en una web a 5€ la unidad).

A estas cinco se podrían sumar bastantes más enseñanzas. Por ejemplo, Revista Orsai e ideas parecidas demuestran que más que una crisis económica lo que las industrias están sufriendo es una crisis moral, un autoestrangulamiento a manos de modelos absurdos, crueles y agotados; o que la cultura, desaparezca quien desaparezca, encontrará caminos para continuar viva como siempre ha ocurrido.

Solo me queda una cosa por decir: ¡que viva Orsai!

Imagen vía: ArterEgo

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